En esta lectura de tarot, Gaby nos habla sobre la importancia de sentir y no solo enfocarnos en la construcción de un proyecto, ya sea en el amor o en otros aspectos de nuestra vida. A través de las cartas, nos recuerda que el amor requiere vulnerabilidad, soltar el control y no saber el resultado antes de empezar.
Gaby comienza la lectura preguntando cuándo fue la última vez que pusimos el mismo esfuerzo en el amor que ponemos en otros aspectos de nuestra vida. Nos invita a reflexionar sobre nuestra manera de enfrentar la vida con disciplina y estrategia, y cómo esta misma manera puede jugar en nuestra contra en el amor.
Las cartas nos hablan de alguien que ha construido una vida que muchos quisieran tener, gracias a su trabajo y sacrificio. Sin embargo, emocionalmente, esta disciplina ha costado algo. La lección que hemos aprendido es que las cosas buenas llegan con esfuerzo y mérito, pero en el amor, esto crea un problema. El amor no se construye como un proyecto, no tiene fases ni métricas, y no tiene un resultado garantizado.
El amor requiere soltar el control, no saber el resultado antes de empezar y ser vulnerable. Esto es difícil para alguien que ha aprendido a depender de algo que puede controlar. Pero las cartas nos dicen que este riesgo vale la pena. Si estamos en una relación, hay una estabilidad que valoramos, pero puede que se haya quedado sin espacio para la parte emocional.
La conversación que va más allá de los planes y responsabilidades, y que empieza con "¿cómo estás de verdad?" y termina con algo que ninguno de los dos tenía previsto decir. Esta conversación es necesaria para que la relación no se sienta como una sociedad, sino como un amor. Y merecemos las dos cosas: lo práctico y lo profundo.
Para los solteros, las cartas nos muestran que tienen muy claro lo que quieren en el amor, y que no se conforman con cualquier cosa. Pero hay un miedo específico: el miedo a invertir emocionalmente y que no salga bien. Porque no hacen las cosas a medias, y si van a abrirse, van a abrirse de verdad. Esto implica un riesgo que no se puede calcular, y que los paraliza.
El amor no espera a que estén listos, llega cuando llega. La pregunta es, ¿van a seguir esperando el momento perfecto o van a dar el paso aunque no tengan todo calculado? ¿Se van a lanzar? La respuesta está en soltar el miedo y confiar en que el universo nos guiará hacia lo que es mejor para nosotros.
Para los que esperan el pasado, las cartas nos dicen que esa relación probablemente fue una en la que invirtieron mucho tiempo y energía. Y cuando terminó, no solo perdieron a la persona, sino que sintieron que perdieron todo lo que habían invertido. Pero quedarse esperando no recupera lo que se invirtió, solo suma tiempo a algo que ya se cerró.
Lo que se invirtió no se pierde porque la relación haya terminado, se convierte en experiencia y aprendizaje. Y este aprendizaje es lo que nos permite elegir mejor la próxima vez. Elegir mejor empieza hoy, cuando decidimos soltar. La determinación es nuestra, y nadie nos la puede quitar. Pero hoy, las cartas nos piden que usemos esa misma determinación para abrirnos, confiar y dejar que alguien nos conozca de verdad.
El mensaje final es que merecemos ser amados no por lo que hemos logrado, sino por quiénes somos. Y ese amor sí existe, pero llega cuando decidimos que también merecemos recibirlo. La lectura termina con un recordatorio de que nacimos para ser felices, y que lo que creemos, lo creamos.
Los decretos de hoy son dos: "No tengo que tenerlo todo resuelto para merecer amor. Hoy doy el paso, aunque no sea perfecto" y "Me permito ser visto no por lo que logro, sino por quien soy". Estos decretos nos invitan a reflexionar sobre nuestra manera de enfocar el amor y a darnos permiso para ser vulnerables y auténticos.
En conclusión, esta lectura de tarot nos recuerda que el amor requiere vulnerabilidad, soltar el control y no saber el resultado antes de empezar. Nos invita a reflexionar sobre nuestra manera de enfocar el amor y a darnos permiso para ser auténticos y vulnerables. Merecemos ser amados no por lo que hemos logrado, sino por quiénes somos. Y ese amor sí existe, pero llega cuando decidimos que también merecemos recibirlo.